Al revisar mis experiencias a partir de los temas vistos y leídos en clase, recordé mis ayudantías en Taller 2 y a un niño que llamaré Julián. Él era un niño inmerso en un contexto difícil, su mamá no estaba presente en su vida, el papá asistía con él al jardín pero la situación a veces se complicaba porque su papá se ponía nervioso y eso generaba lo mismo en el niño. Por eso, aquellos días que yo comencé, estaba presente su abuela, con quien parecía que todo fluía mejor, obviamente favoreciendo esto al pequeño Julián que estaba más tranquilo. La maestra me había contado un poco como era su situación y yo, admito desde el desconocimiento absoluto no sabía bien que debía hacer para acercarme a él.
Entonces una mañana, durante la clase de ed. Física lxs chicxs debían pasar por un circuito (colchonetas, tobogán, etc.) que les había armado la profesora. Es cuándo él tomado de la mano de su abuela pasa por el circuito y logra atravesarlo, estoy a su lado y le digo “¡Sí!” con un aplauso suave que me surge rápidamente, él me mira y lo repite. Desde ese momento hasta que termine mi ayudantía él me miraba en reiteradas oportunidades repitiéndome “¡Sí!” aplaudiendo, era la manera como me reconocía, y yo me acercaba a través de ese gesto para saludarlo o simplemente acompañarlo.
Julián era un niño con un posible trastorno del desarrollo, con visibles dificultades entre otras cosas para hablar, con tres años era tan pequeño…yo pensaba en su situación, en que tal vez podría acercarme un poco más a él, porque incluso sentía que la maestra de la sala a veces hacía como si no estuviera ahí. Él se quedaba solo medio turno y siempre acompañado por su abuela.
Pregunté sobre su posible diagnóstico y que se podría hacer por él, y me contaron que el equipo de orientación escolar (EOE) ya sabía del caso y trabajaban en ello, concretamente estaban esperando el diagnóstico. Por aquel tiempo también cursaba políticas para las infancias en el Profesorado y en una clase hablamos sobre el EOE, el acompañante personal no docente (APND) y como es el funcionamiento, esto me llevó a pensar en Julián y su familia, asimismo en otras familias que atraviesan esa situación.
Pero lo que registré fue que las familias que no cuentan con un servicio de Obra Social, no acceden a un APND, sino que el sistema público es mucho más denso y demanda tiempos más largos que perjudican al/la niñx. La familia de Julián no contaba con los medios económicos, y pensaba todo el tiempo que se pierde en detrimento del niño y lo más importante en su derecho a la educación.
En definitiva, el caso de Julián me llevó a pensar en la vulnerabilidad de la infancia, y sobre esto se me ocurren muchos ejemplos de situaciones lamentables pero que todos ellos permiten concluir lo fácil o determinante que es dejar huellas en esta etapa, que quedaran marcadas por mucho tiempo y hasta toda una vida. La desigualdad frente a un sistema que se envuelve en burocracia, el poder económico que siempre está presente influyendo en casi cada aspecto de la vida.
Para concluir me queda mencionar el aspecto político, necesario y decisivo al momento de asistir a estas familias, donde es fundamental un Estado con voluntad de invertir y enriquecer este sistema para que en definitiva, se cumpla el derecho a la educación de lxs niñxs brindando una respuesta rápida y adecuada para cada niñx.
Jennifer.