Al pensar en mi autobiografía escolar surgieron varias sensaciones y vivencias, mezcla de momentos gratos y otros no tanto, cómo todo…y darme cuenta de lo importante que es este tramo en nuestra vida, de cuántos años, tal vez los más cruciales en la vida de unx sujetx atraviesa la escuela. Comencé asistir a ella a mis 4 cuatro años en la “Sala naranja” y la maestra se llamaba Adriana. Recuerdo que mi mamá me contaba que “gritaba mucho”. Sin embargo yo no la recuerdo así. Al año siguiente estuve en la “Sala celeste”, allí conocí a Vicky, con ella tengo recuerdos un poco más claros. Los momentos que viví en aquella sala junto a ella me despiertan mucha ternura y emoción. Recuerdo cuando nos llevaba al patio o nos desplazábamos fuera de la sala, hacíamos un tren y Vicky cantaba: “pasear en tren es de lo mejor se tira el cordel…” adoraba esa canción.
Luego llegó el 1° grado y conocí a Raquel, recuerdo que la quería mucho y fue con ella que me empecé a dar cuenta que me gustaba la docencia. Cuando me preguntaban que quería ser cuando fuera grande yo respondía: “Quiero ser maestra de 1° grado como Raquel”.
Pasaron los años y también pasaron las maestras. Fui creciendo y me fui volviendo más tímida, la vida en casa fue cambiando y por momentos esa realidad fue dura y triste para mí, la escuela era mí refugio para aliviar mis preocupaciones. Así llegué a 4° grado y me encontré con una maestra a la que le tenía miedo. Se llamaba Lidia y con ella, vivía momentos en los que me sentía incómoda, avergonzada. Hubo una mañana en que estaba sentada en mi banco haciendo la tarea, sentí un ruido fuerte y se me escapó un “¡ay!” a lo que Lidia respondió “que no me hiciera la tonta”. Sentí mucha vergüenza frente a toda la clase. Me sentía intimidada por Lidia. Esto causó que me levantara en clase lo menos posible para preguntar o corregir mis tareas, lo cual hacía que Lidia se enojara porque tenía que corregirme muchas hojas de la carpeta que se habían acumulado.
Al año siguiente pasé a 5° grado y conocí a Valeria. De ella tengo los mejores recuerdos, la admiraba, me encantaba su manera de enseñar. Hablaba mucho con ella y le conté que quería ser maestra, siempre le pedía que me hablara sobre la carrera. Valeria también era profesora de Nivel Inicial, ella era una referente para mí en ese momento. Una vez durante una de sus clases, ella estaba hablando sobre los sustantivos, de repente paró, y nos dijo que era importante saber sobre los sustantivos pero aún más importante era pensar por nosotros mismos, nos explicó la importancia de la autonomía y dijo que en algunas ocasiones en la vida, algunas personas seguramente prefieran que no pensemos por nuestra cuenta. Recuerdo escucharla muy atentamente, y aún hoy esa experiencia me guía, es para mí un punto clave a tener en cuenta tanto en mi vida personal como profesional.
Hoy, muchos años después y al escribir estas ideas, pienso en todas estas maestras que pasaron durante mi etapa escolar y me pregunto: “¿Qué me dejaron?”. Creo que me mostraron una profesión hermosa, poderosa, trabajaron para que pueda pensar por mí misma, ser libre y una mejor persona. Algunas otras me mostraron, la docente que no quiero ser. En definitiva, esto me deja claro que docente sí quiero ser: Una que aprende y mejora cada día y, sobre todo que espera dejar huellas significativas, pero en un amoroso sentido en sus futurxs alumnxs.
Jennifer.